jueves 16 de abril de 2009

Camino de serpientes

Recta, curva, recta curva, recta, curva, recta, y por supuesto después, otra curva.

Fueron tantas horas mirando el abismo. Casi nadie llegaba hasta tan lejos. Los que estaban ahí, tampoco se movían demasiado hacia afuera. Una lluvia, un derrumbe, mucha nieve, mucha altura, demasiadas cosas podían pasar, demasiado extremas, pero cuando llegabas, sabías que había valido la pena. Tanto camino, tan difícil. No sabías lo que te esperaba detrás de todo eso. Nadie puede imaginarlo sin haberlo visto antes. Y nadie puede irse después de haber llegado. Es uno de esos tantos lugares, que son tan lejanos, tan extremos, pero continúan existiendo perdidos a lo largo de todo el mundo.

No hay nada que te alcance hasta ese lugar, a menos que sea tu propia voluntad y medios. Desde el primer momento en que me imaginé lo que era, averigüé hasta el cansancio como podía llegar. Imaginaba que tendría que existir un colectivo, algo, lo que sea, que te deje cerca. Si ahí hay algo, ahí también tiene que haber una manera de llegar, pensaba. Después de un tiempo, habiendo preguntado, investigado, explorado diferentes posibilidades, me di por vencida, tenía que intentar otra cosa, porque daba por supuesto que una manera, cualquiera fuera, había de llegar.

Creo que fue entonces cuando empecé a maquinarme con el tema de los trenes. Los trenes siempre te dejan cerca al menos, a partir de ahí, se puede ir todo el tiempo hacia otro lugar. Una estación no deja de ser una estación. Un lugar a donde se llega, un lugar desde el cual se puede siempre partir hacia otro destino.

Todas las mañanas, y también las noches, pensaba cual sería el tren que me pudiera acercar. Iba combinando diferentes posibilidades. Después por supuesto tenía que corroborarlas, conocer momentos, horarios. Pero nadie tampoco podía informarte mucho, digamos nada, acerca del camino.

Estuve a punto de darme por vencida totalmente, lo pensé tantas veces. Cuál era el sentido al final de cuentas para querer llegar, no podía saberlo, porque nadie conocía mi lugar en cuestión. Creo que de tanto dar vueltas, antes de partir, fue que también pude soportar, como pude, la recta, curva, recta, curva, recta, curva, recta, y por supuesto después, otra curva, previas a la llegada.

Como sea, el tiempo pasaba, y yo seguía dando vueltas. Caminaba, caminaba, buscaba, preguntaba, pensaba, los días, que digo los días, los años pasaban, gritaba, lloraba, tantas cosas creo que pasaron. No puedo igual ahora pensar en la cuenta. Fue muy difícil, es lo único que puedo recordar ahora. Cuando pienso en eso, siento feas cosquillas en la panza, siento una palpitación fuerte, que quiere llevarme. Era mi propia voz que me gritaba, NO TE VAYAS, aguda, y otras veces profundas. Debe haber sido por ella también que tardé tanto en decidirme. Y era tan fuerte, que me cansó, me dejó sorda, y solo para dejar de escucharla, armé los paquetes, que eran bastantes para andar cargando en tan largo viaje, y empecé camino.


A partir de ahí todo fue paulatino, perezoso, pero creo que agradable. Cuando se tiene la seguridad acerca de algo, todo lo demás es tanto más llevadero. Así que con los bártulos de acá para allá, fui avanzando, me fui moviendo, fui caminando, pero este caminar era totalmente diferente al anterior, este caminar era más liviano. Era casi como un salticar sin golpear los pies contra el piso.

No sabría bien que contar acerca del viaje tampoco. Podría cansarme, porque pasaron tantas cosas. Pero creo que no tiene sentido. Yo lo sé, yo lo recuerdo, es suficiente ahora. Era tanta la recta, pero después la curva, que tenía que descansar, tenía que evitar, como fuera, marearme. Mareada no puedo pensar, mareada se me mezcla todo como si fuera un durazno que se va deshaciendo en una licuadora. Entonces claro, no era el momento para terminar triturada, eso lo tenía claro, por suerte.

Llegué de noche, no podía distinguir nada.

Tanta espera, tanta ansiedad, tanta búsqueda, para llegar de noche, siguiendo el dibujo de las sombras para tratar de entender lo que era en realidad cada figura recortada. Por supuesto fue imposible, nunca podía imaginar plenamente nada de lo que había alrededor. Por eso me relajé, si total ya llegaría el momento. Pese a semejante viaje, seguía siendo muy difícil para mí dejar a un lado la ansiedad. Y aparte presentía que una vez que llegara, tendría que abandonar la ansiedad. Fue una linda despedida.
Caminé de nuevo, pasos cortos pero seguros, y cuando entré, todo fue tan natural. Era como desnudarme despacio, casi que bailando, sonriéndole a la nada misma, excitada, en paz. Me saqué el bolso, estiré las piernas, me saqué la mochila, pasé mis manos por la cabeza, recorriendo toda mi cabeza, relajando mis pensamientos con la llema de los dedos, sintiendo como cada yema me hacía feliz. Giré, si después de tantas curvas seguía con ganas de que algo gire, era mi cabeza despacio, en círculo, por supuesto sin llegar a marearme. Finalmente podía sentarme, estirar las piernas de nuevo, y echar la cabeza hacia atrás. Así como me posicioné, me dormí, profundamente.

Me encantaría saber qué fue lo que soñé, pero realmente no tengo idea, no me acuerdo absolutamente nada. Ahora solo resta festejar, porque acá estoy.

martes 24 de febrero de 2009

Un mismo momento

Tengo 10 minutos para cambiarme y salir. Otra vez se me hizo tarde…¿es posible que todos los días se me haga tarde? Siempre calculo una variable diferente, cambiar, o más bien acortar el tiempo que me lleva uno de los pasos necesarios.
Hoy la prueba había sido tardar menos tiempo en desayunar, porque ya sé que es imposible que el hecho sea levantarme un poco más temprano. Igual, mañana pruebo de nuevo.
Momento de decidir: ¿qué me pongo? En ese momento saldría en piyama, pero no, no dá.
Pim pim pim pam pam pum pum, salgo, a medias, como todos los días, dispuesto a tocar el ascensor mientras cierro la puerta, me acuerdo que dejé otra vez a los animales sin comida. Ellos no tienen la culpa de mi desorganización. Vuelvo. Les doy de comer, se ponen contentos, y me voy un poco más tranquilo, si total, ya es tarde de nuevo.
No termino de cerrar la puerta del ascensor que ya estoy tocando el 0. Salgo como rayo, saludo al portero que me hace perder 10 segundos, pero qué maleducado soy, si iría con tiempo podría mirarlo a los ojos y saludarlo como es debido. Igual si fuera más temprano posiblemente no me lo cruzaría. ¡Que más dá!

Empieza la carrera hasta la esquina, no quiero ver pasar el colectivo otra vez, por favor. Los coreanos del supermercado de mitad de cuadra me miran una vez más en mi carrera desesperada hasta la esquina. Si compitiera en carreras de velocidad de 100 metros, seguro que ganaría.
Mi mano se extiende, ¡y ahí viene el colectivo! Estas dos cotorras que tengo adelante no paran de discutir entre ellos, por favor, qué ganas de estar cuestionándose cosas a esta hora, el día recién empieza. En cuando me siente me pongo a escuchar música, algo tranqui, así no los escucho más, y de paso se me pasa la agitación de la corrida, ojalá que encuentre lugar, del lado de la ventana.
*****
6.05, creo, ¡porque se me nubla la vista! Y vá más allá de tener puestos o no, los anteojos. Pero es que hace tanto tiempo que estoy viendo la hora, que ya me perdí.
El sol igual está tan agradable, todavía no está fuerte, se deja apreciar, y creo que puede ser el sol que no me deja ver bien la hora. Es eso, es eso.
Pero así se nota más que el empapelado está despegado. Deberíamos cambiarlo. Es mucho trabajo, pero deberíamos, así la luz del sol también se reflejaría hermosa contra el nuevo papel. Aparte me gustaría que sea liso. Estas flores ya me cansaron. No es que me cansaron las flores en general, mis plantas hermosas no me escuchen, sigan igual que hasta ahora, disfrutando del sol en nuestro balcón. Pero ya no me gustan esas precisamente, las del papel, para la pared, es solo eso. Espero que sepan comprender.
Bueno, de a poco, y vos, vamos, despertate, que tenemos que ir con tiempo. Sino, te hacen esperar tanto. Quiero llegar temprano, no me gusta pasar todo el día ahí, la verdad es que me deprime.
Despacito camino a la cocina, a calentar agua, unos mates, hay tiempo para unos mates. Pero vos levantate de una vez que después me hacés esperar, siempre dando tantas vueltas. El diario miralo cuando volvamos, por favor te lo pido. No estoy de mal humor, pero estoy despierta hace una hora ya, entendeme. Es como cuando vos me hablás a la noche, y pretendés que me despierte para ver cualquier cosa. Si ya tenía sueño, qué necesidad de despabilarme de nuevo. ¿Qué decís? Si yo no soy vengativa. Mirá, aguantate solito tu mal humor de la mañana, te hubieras acostado antes. Levantate que hierve el agua.
Menos mal que está el sol lindo hoy, porque sino este tipo me podría llegar a cambiar el humor. Bueno, la ropa que dejé ayer preparada, vá bien. ¿Qué temperatura hace? Sí, con esto voy bien.
Listo, vamos, dale, no te peines, si total, con la cara que tenés ahora no se puede hacer nada Yo cierro todo, vos mientras llamá al ascensor, y llevate el abrigo, que quizás hasta que venga este colectivo tengamos un rato.
Estamos caminando lento, espero no ver pasar al colectivo. Y encima este dormido, no coordina ni los pasos, todavía sigue arrastrando los pies. Menos mal que no se acuerda de todas las cosas que le digo. Seguro que ahora nos sentamos en el colectivo y se queda dormido.
Che, no viene. Mirá las plantas de este cantero siempre están un poco descuidadas. Una mañana de estas, que no tengamos que salir, me vengo con una botellita y las riego.
Ahí viene dale, despertate.
Mirá a este loco que viene corriendo, siempre lo mismo. Que mal que hace, ¿no? empezar así el día, a las corridas, sin tiempo para nada. Así no se vive. Él se lo pierde, yo ahora espero que haya lugar, quiero sentarme, así voy viendo el sol por la ventana.
*****
Todas las mañanas lo mismo. Levantate, levantate, treinta veces. que te hubieras acostado antes. Ya sé que me tendría que haber acostado antes, pero en ese momento no tenía ganas. Ya te lo dije, la mañana no es mi mejor momento. Por supuesto que es hermosa, a mí también me gusta, pero me gusta vivirla a mí manera, quedate tranquila que la disfruto. Y las plantitas están muy lindas, pero puedo verlas después.
Yo sé que no lo hace con maldad. Estoy tan acostumbrado, si no se levantaría ella, no sé que haríamos. Arrastro los pies, que lindo arrastrar los pies, me tendría que haber calzado, siento que estoy pisando cosas raras, seguro los gatos estuvieron haciendo de las suyas. Pero bueno, estoy tan dormido, que no me importa, no me importa nada.
Necesito lavarme los dientes, siento tanta sequedad. Eso es el vino, me da mucha sed. Igual creo que ayer a la noche me levanté como cuatro veces para tomar agua. Ahh primero tengo que ir al baño, estará muy rico el mate, pero si no paso por el baño, no puedo pasar un solo sorbo.
Sombi, sombi, pantalón adentro, camisa, desodorante, colonia, lavarme la cara, andate lagaña, no aportes más datos a esta cara que habla por sí sola.
Ya estoy, dale, vamos, ya llamé al ascensor, estoy dormido pero no sordo, no necesitás decirme las cosas tantas veces. ¿O es que tenés la necesidad de hablar? Podemos charlar de cualquier cosa, puedo seguirte el hilo.
Al final tanto apuro, y el colectivo no viene, podría haber dormido diez minutos más. Y todavía sigue con ganas de hablarme en este momento, si sabe que yo sigo dormido, no entiendo nada de lo que me está diciendo. Eso sí, espero que haya asientos, así puedo sentarme y seguir durmiendo, con la luz del sol en un ojo directo, ¡que placer!
Y aparte, nadie me jodería con que quiere bajarse.

lunes 16 de febrero de 2009

Perdido por perdido

¿Qué más hay que perder entonces?
Mejor, tanto mejor, sería recuperar. Y lo primero que debería recuperar, es la voluntad que tuve en algún momento. Hurgando a más no poder, me lastimo las uñas, y encuentro solo pensamientos astillados. Los rompí yo con mis propias manos, en la desesperación por encontrarlos.

No puedo siquiera hilar algo que me convenza. Hoy no me importa, hoy me dejo caer, hasta el fondo, y me hago daño, hasta llegar al hueso. Un eco sin voluntad, no encuentro ahora otra manera de expresarlo, y no puedo decir siquiera un vegetal.

Un vegetal, de cualquier tipo, es muy respetable. Un vegetal tiene una increíble fortaleza, crece, se alimenta, procura sobrevivir, procura reproducirse. No creo poder compararme con un vegetal. Ellos no pierden su tiempo. Siempre que pueden, crecen, aprovechan el agua, la tierra, lo que sea que tengan a su alrededor. En cambio, yo creo que desaprovecho todo. Naturaleza confusa, demasiado para mi limitada capacidad, tanto que quisiera intercambiarla por la de un vegetal. Tengo la seguridad que siempre procuran llegar a algo, lo que sea que su naturaleza le dictamine. Y si pueden llegan, y quizás hasta lo superen. Un vegetal es fuerte, trata de sobrevivir, invirtiendo toda su energía en ello.

En cambio yo no sé a lo que quiero llegar. Demasiada debilidad, demasiada inseguridad, demasiada susceptibilidad, para aceptar que no soy nada de todo lo que creo. ¿Soy un eco de lo que fui, de lo que podría ser? Qué se yo. Puro pensamiento estúpido, poca acción, demasiado recuerdo, demasiado sueño, que incluso me desagradan bastante. No conozco ningún desierto, pero vivo en uno. En qué mierda me convertí. Supongo que en un ser inconcluso, inclusive ante mi propia mirada. Me dejo caer, porque no tengo ganas de algo tan básico, como levantarme. Y cómo no voy a sentirlo, si al pisar solo siento arena, pero nunca llego al agua. Llenando vacíos, con más vacío. No es el mejor día para levantar nada, ni siquiera un pensamiento, pero nada mejor que quede un registro.

Frase recurrente y estúpida: la esperanza es lo último que se pierde. Si fura así, tantas cosas más sucederían, motivadas por la esperanza. Estúpida, espero milagros, porque ni yo puedo creer en eso.
Veo el objeto a mi alcance, pero estiro la mano y nunca lo alcanzo.

¿En algún momento tendré que perdonarme tanta tristeza? La venía aplacando, ignorando, creyendo que había algo más. Hasta que de repente, un sopapo de realidad, uno más, me devuelve.
Mientras tanto, quisiera descomponerme en mil o más pedazos, flotar como partícula, y por sobre todo, dejar de verme, de pensar.

A mi alrededor, demasiado daño, demasiada locura, y tanto egoísmo. No quiero este hielo. Sobre el hielo no puede crecer un vegetal. Aunque sea de milagro, me gustaría llegar a algo más. No entiendo en que me convertí, como rompí tantos pensamientos, en mi reino de suciedad.
Suplico un milagro.

domingo 30 de noviembre de 2008

Hoy me desperté y sentí que me partía en dos



Mi cuerpo quedó tirado en la cama, pero yo empecé mi rutina como todos los días. Miraba hacia atrás y veía mi cuerpo, inmovilizado, en stop, flotante. Lo veía de otro color….todo lo que me rodeaba era claro y tenía la misma definición de siempre. Pero mi cuerpo se veía borroso, más blanquecino, como si estuviera atrapado adentro de una nube suave, algodonosa, fina, atravesada por hilos un poco más blancos, que cambian de forma constantemente.

Me fui de la habitación, tratando de seguir, e ignorar que mi cuerpo se quedaba embebido en el aire. Cuánto más podría fingir, tenía que probarlo. Pero mi día ya no tendría que ser como era. Sonámbula, me senté en el sillón verde, caluroso, traspirada, no queriendo sentir nada. Pero todo se sentía y me molestaba más que siempre. El calor, el dolor de cabeza, la fiaca, el hambre, el cansancio, el desgano. Todo se sentía doblemente fuerte. Todo me dolía mucho más. Necesitaba a mi cuerpo, necesitaba al canto de mi alma que me ayudara a pasar ese momento. Pero no nos conectamos. Lo más angustiante era saber si mi cuerpo se daba cuenta, de alguna manera, que yo estaba tratando de comunicarme con él.
No soporto los grises, no soporto no cerrar ciertas cosas. Todo el tiempo la vida me obliga a dejar cuestiones inconclusas. Quizás sea por eso que, las pocas que no me requieren esfuerzo en cerrarlas, quedan enterradas de la noche a la mañana. Porque serían más moscas rondándome, de las que ya tengo.
Esto no lo puedo cerrar. Una parte se queda en la cama. Y la otra, yo, que me pienso, trato de seguir andando.

Te fuiste, me dejaste acá, sin poder moverme. Pero todo lo demás está intacto. No tengo manera de hacerme entender. Cierro los ojos, y me voy volando, a donde siempre haya querido ir, solo tengo que imaginarlo. Quien lo hubiera dicho, que yo, la parte más imposibilitada, ser la que más disfruta de todo esto. Retorcida, como siempre.
Quisiera decírtelo, en este preciso momento, que no podés escucharme.
Puedo volar, me revuelco entre las nubes, te susurro toda mi canción.
Puedo amar, puedo quedarme en la completa oscuridad sin miedo, sin vértigo, con mi ángel. Puedo volar, sonreír, a pesar de la oscuridad. La luz está en mis ojos, los hubieras visto, si antes de huirme, me hubieras mirado profundamente. Pero te escapaste, me tuviste miedo. Te olvidaste que soy tu ángel, te olvidaste que mi mirada vale más que tantas palabras.

Estoy por abrir la puerta. Tengo tanto miedo. Mejor, vuelvo a la cama.

Solo algunas, muchas, y seguiría

Las flores
El aire
Mi casa
Mis gatos
Los gatos
Los perros
Los animales
El verde
El azul
El rojo

Los colores
La noche
La luna
Las nubes
El sol
El agua
El olor a jabón
El cigarrillo
El vino
La piel de mis dedos
La sonrisa
Los suspiros
La música
Los libros
Pensar
Los besos ardientes
El amor
Las miradas profundas
Las mañanas
El mar
Las montañas
Relajarme
Escuchar
Dormir
Mirar el cielo
Las estrellas
Las fotos
Los tambores
Vagar
Conocer
Aprender
Viajar
La gente
Las almohadas
Los baños
La suavidad
Acariciar
Que me acaricien
Los árboles
Los sabores
Bailar
Cantar

Las sorpresas
El viento
Las charlas
La luz
Los encuentros
Volver
Los amigos
Las hormigas
El chocolate
Un boleto capicúa
La lluvia
El fuegoUn abrazo
El arte
El café
El mate entre varios
Los paisajes

jueves 27 de noviembre de 2008

¿¿Y cuánto significan los días??

Hoy significa demasiado.
Es, y todavía sigue siendo, porque todavía no termina, no quiero que termine. Aunque pareciera que pasó tanto tiempo ya, y aún sigue pasando, un torbellino envolvente, pero lento y caótico, por delante de mío.
¿Cuándo va a terminarse este día tan perturbador, obsesivo, nuevo, autodidacta y malditamente largo?

No lo borraría, porque es demasiado fuerte. No es uno de esos días que no significan absolutamente nada, esos días en los que no hay ninguna sorpresa, esos días en los que flotamos en nuestra propia atmósfera enviciada de nuestra respiración.

Un relámpago mudo, totalmente fugaz, irrepetible, se acaba de grabar a través del vidrio, solo en la mitad de mi ojo izquierdo. El cielo se derrumba adelanto mío, y yo lo miro con solo con la mitad de mi ojo izquierdo. El resto me lo imagino. Es parte de mi karma.

Hoy, todavía, me acuerdo lo que acaba de pasar. Dentro de varios días, pasará al pasado, como una parte más del mágico fichero cerebral. Quizás algún día vuelva.
Es uno de esos días que vamos revivir, seguramente como un deja vú, como la misma flor pero en otro jardín, aunque cuando vuelve no nos acordamos ni cómo o cuándo pudo haber sido.
Da igual, no fue olvidado.

La violencia de este día me atraviesa, sobre todo porque nunca más volverá a ser la misma, ni aún en el recuerdo.
¡¡¡La insoportable levedad del ser!!!

Mejor me pierdo, me pierdo, dejame que me hunda.
Pero en algún momento, te ruego, vení a buscarme, que ya quiero que se termine el día.

¨Cada día es absurdo, como un pozo al caer, cada día me rindo, pensando que la muerte es un regreso, en este mundo demente¨.

Creo que prefiero vivir momentos fuertes, irrepetibles, antes que vivir desgarrándome a causa del constante recuerdo, de solo uno de todos ellos.

martes 4 de noviembre de 2008

Mi pies no me siguen


Sumo la infancia más la preadolescencia y no puedo sumar o restar nada más por ahora. Después sumo la vejez y la adultez, y claro que parece lo mejor. Pero después pienso que sería bueno sumar solo la adolescencia y la adultez, pero restando la infancia, total si ya no me acuerdo.

Como sea, al final de cuentas, todos siguen su camino, las cuentas no me van a dar nunca redondas. Yo creí que podía sumar por este lado. El pasado lo indicaba. Pero…sorpresa, no, no. En alguno de los lapsos, el camino se pavimentó de nuevo y a mí no me pasaron el calzado apropiado para transitarlo. Así y todo, pensamos que en un momento podríamos volver a cruzarnos, y hasta hicimos un pequeño intento. Nos prestamos esos viejos zapatos que antes nos quedaban tan bien y tan cómodos. Caminamos con ellos, sin hacer ruido. En esos momentos, varias veces tu perfume se me hizo presente una vez más, en la luz de las 3 y cuarto, en la noche borrosa, o simplemente en el recuerdo, aunque no oliera a nada. Y caminaba, esperando sentirme tan cómoda como antes.
Quizás estaba cómoda, pero no caminaba tranquila, no me reconocía en tus viejos zapatos, y aunque sé que ni lo intentaste, vos tampoco en los míos.

Es tiempo de tomar una decisión. Camino descalza, siempre por este mismo camino, no el de antes, no el de tus zapatos, no el mío.

Camino mirándome los pies, para saber si hoy tienen algo que revelarme. Ya no les pertenezco, pero ellos me son totalmente indispensables. Los miro fríamente, como un desprendimiento tan pero tan mío.
Camino por esta calle vacía, que parece hecha solo para mí, porque nadie me cruza, nadie me alcanza.
Y mientras, se escuchan solo mis pasos, mis pies entonces no están descalzos.

Mis pies tienen vida propia, y yo quisiera seguirlos.