Dejame contarte un sueño, de un ser místico, de otros milenios, con cabeza de gato, negro como la noche, con un ojo celeste y otro color café, con dos piernas, y cola de pez.
Quería ser un ser como cualquier otro. Pero esos otros no comprendían su extraña forma, que no dejaba de contener al fin y al cabo a un ser común y corriente, pero con un aspecto poco corriente.
Por eso se cortó su cola de pez, y avanzaba paso a paso.
Pese a su esfuerzo y su transformación, todos seguían diciendo: esto solo puede ser un mal augurio.
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