Pero la música suena.
El silencio llamó a mi puerta.
Me dijo que me llame a silencio.
El silencio me dijo que todas las palabras sobran.
- Si no te animás a decir las cosas, es mejor que no digas nada – sentenció.
El viento polar sacude la ventana,
la persiana cruje y se estremece.
Esto sería algo así como una noche diabólica, el silencio se torna siniestro.
Pero la música suena.
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